Atrevernos a permanecer de frente ante nuestras emociones

Por: Pamela Claisse, M.S.

Hace algunos meses comenzaban a aparecer noticias que nos informaban acerca de una posible pandemia. Al inicio era difícil creer y dimensionar la magnitud y severidad de lo que hoy constituye una de las mayores crisis a nivel salud y económico en años.

Poco a poco fue acercándose a México, hasta que a inicios de marzo se confirma el primer caso dentro de México. Inclusive durante esos momentos seguía existiendo una nube de escepticismo en algunos mexicanos.

Conforme han pasado los días y las noticias retratan la evolución de la enfermedad en México, las redes sociales comparten información en ocasiones cierta y en otras se tornan amarillista, las compras de pánico, largas filas en los supermercados y familiares entrando en crisis de ansiedad.  Comienza a surgir un sentimiento extraño dentro de cada uno de nosotros, una sensación que quizá no sea tan sencillo de identificar.

Al inicio quizá solo parecía que comenzamos a tomar con seriedad las medidas de precaución propuestas por la Organización Mundial de la Salud, sin embargo, notamos que esa sensación de inquietud, de desconcierto, incertidumbre y temor se encuentra creciendo poco a poco, de manera sutil pero consistente en nuestro interior.

A pesar de escuchar que la letalidad y mortalidad del coronavirus es baja, que tan sólo las personas en edad y estado vulnerable corren riegos significativos y que con quedarnos en casa disminuimos de manera significativa el contagio. Esto no impide que siga existiendo esta sensación de “algo” interior que va creciendo y posiblemente “apoderándose” de nosotros, de nuestra tranquilidad, nuestra paz y de nuestra sensación de seguridad.

Resulta curioso y a la vez impactante, el cómo de la noche a la mañana nos puede cambiar la sensación de seguridad en la vida, él como cosas que dábamos por sentado y por ciertas pasan a ser cuestiones rodeadas de incertidumbre y de temor.

Todo lo anterior nos desestabiliza, nos inquieta y nos saca de nuestra “zona de confort emocional” a pesar de todo esto, no podemos olvidar que es TEMPORAL.

Sin embargo, vale la pena reflexionar que es lo que sucede cuando esta sensación se presenta como algo cotidiano y permanente en algunas personas. Cuando resulta intolerable la incertidumbre día a día, cuando no existe la sensación de poder estar seguros y se vive como si se estuviera en un riesgo constante. Al final, algo similar sucede con las personas que padecen TOC.

Si bien estos momentos pueden presentar una buena oportunidad para valorar y agradecer nuestro día a día, personas queridas y salud; así como el recordarnos que no podemos dar por sentado absolutamente nada, pues no tenemos seguridad absoluta.

Esta cuestión que nos invita a buscar con mayor ahincó vivir una vida comprometida con nuestros valores y cercana a las personas que queremos independientemente de lo que este aconteciendo. Así mismo resulta un buen ejercicio para reflexionar e intentar comprender y empatizar el cómo viven día a día quienes padecen de trastorno obsesivo compulsivo.

Resulta fuerte e inclusive podría parecer exagerado el comparar lo que está sucediendo a nivel mundial con un trastorno que no necesariamente se detona ante amenazas de esta magnitud, sin embargo, quien lo padece muchas veces lo experimenta y lo vive de esta forma, sin importar lo que la evidencia, la razón o los de alrededor puedan decirles para buscar tranquilizarlos.

– Las invitaciones que surgen a partir de esto son:

– Busquemos comprender y apoyar a quien lo necesite a nuestro alrededor, finalmente no siempre sabemos el mundo o batalla interna de inseguridad a la que se enfrentan.

– Con TOC o sin TOC busquemos vivir una vida comprometida y plena.

– Agradezcamos y valoremos las oportunidades, situaciones y personas con las que contamos día a día. (la gratitud es clave fundamental para llevar una vida plena)

Unámonos como sociedad, quitemos los prejuicios, etiquetas, hagamos a un lado las diferencias y busquemos comprender y apoyar en las situaciones que nos sea posible.

Si padeces de TOC y has aprendido a tolerar y aceptar la incertidumbre en tu vida, has encontrado el verdadero valor de vivir una vida comprometida y plena, este es momento de poder compartir tu experiencia, estrategias y herramientas con los que se encuentran a tu alrededor. Comparte con los demás la riqueza de aceptar la incertidumbre, el temor, la inseguridad y ansiedad y con todo y esto ser capaz de acercarte a lo que deseas.

No se trata de llenarnos de estrategias de seguridad, pues estas nunca garantizan nuestra salud ni seguridad. Hoy se trata de tomar las precauciones necesarias de acuerdo con la OMS y ser capaces de identificar, aceptar y dar cabida a nuestros sentimientos. Tomar este momento para explorar nuestras sensaciones, sentimientos y experimentar desde ahí nuestra fortaleza, valores, prioridades y solidaridad.

Hoy todos partimos del mismo lugar, la vivencia de una gran incertidumbre, intentemos aceptarla, darle cabida en nuestras vidas, identificar que es válido sentirse temeroso, inseguro o con desconcierto, pero que esto en lugar de restarnos y de paralizarnos, nos ayude a humanizarnos, a construir puentes, a retomar el sentido y a buscar y luchar por lo que queremos en todo momento.  Pues solo así somos seremos capaces de VIVIR en lugar de sobrevivir.

No olvidemos que esto es una crisis y las crisis pasan, pero si lo decidimos las crisis también enriquecen nos hacen crecer como individuos y como sociedad.