Hablemos de nuestro cerebro en cuanto al TOC

Primero, no me cansaré de decir esto: “la mala crianza no causa Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC) y la buena crianza no lo impide”; segundo, el TOC tampoco es producto de un mal comportamiento o debilidad de carácter o un déficit en el auto-control. Hay muchos factores de riesgo, como la química cerebral, la biología, la genética y hasta el estrés juegan un papel importante en el desarrollo del TOC.

El cerebro es bombareado por miles de señales todos los días a las cuales debemos de atender. El cerebro prioriza dichas señales y decide qué respuesta dar. Las áreas involucradas en recibir, filtrar, seleccionar, direccionar y ejecutar son los ganglios basales, el núcleo caudado, el tálamo, la corteza orbitofrontal y el cíngulo. Estas estructuras hacen su trabajo sin que nos demos cuenta, la mayor parte de las veces. Para las personas con TOC al parecer hay una falla en este circuito, desencadenando una serie de síntomas TOC.

Los ganglios basales, son responsables de regular sensaciones y pensamientos, tienen la habilidad de cambiar de una actividad a otra, llevar a cabo actividades “automáticas” tales como arreglarse y revisar. Los núcleos caudados, una sub-estructra de los ganglios basales, filtran la información que el cerebro recibe. Son responsables de categorizar lo relevante de lo irrelevante, y pasar solo la información que necesita ejecutarse. El tálamo recibe los mensajes escaneados por los núcleos caudados y se los pasa a la corteza frontal, dándole la señal de responder a ellos. La corteza frontal y el cíngulo, localizados en la parte frontal del cerebro, justo arriba de los ojos, está encargado de regular de manera “apropiada” la conducta.

La actividad excesiva en dichas áreas se asocia a ser meticuloso, inflexible y rígido con reglas en particular. Normalmente, solo una fracción diminuta de los mensajes que recibe el cerebro son filtrados por estas estructuras, lo demás se desecha. Cuando el mensaje se ha ejecutado de manera adecuada, el cerebro manda la señal de “terminado”, lo cual indica que sigamos adelante. Por ejemplo, muchas personas no piensan realmente en sí checaron todas las puertas antes de salir de casa. Una revisión rápida es suficiente para irse. Todo esto se da de manera automática. Por otro lado, para una persona con TOC, este proceso simple y automático suele verse muy mal.

Se cree que en una persona con TOC los núcleos caudados reciben muchos mensajes de peligro y miedo, y hay una falla en filtrarlos de manera adecuada, por lo que permite que lleguen al tálamo; muy similar a una gotera en el grifo. Por lo tanto el tálamo pasa esta información a la corteza frontal y esta lo cataloga como prioridad y toma acción con urgencia. Cada mensaje requiere de una acción inmediata. La corteza frontal manda mensajes a otras partes del cerebro asociados a la ansiedad, miedo, duda, revisión y repetición. La persona debe de hacer un esfuerzo consciente y voluntario para atender a dichos mensajes: lavándose, revisando, repitiendo una y otra vez. Cuando la señal de “todo esta bien” no llega, la persona repite una y otra vez. Cuando dichos esfuerzos son inútiles, la ansiedad e incomodidad comienzan a intensificar.

Imagínense sentir una necesidad de urgencia constante ante cualquier mensaje de peligro debido a que el scaner de tu cerebro no funciona adecuadamente. Tu cerebro estaría revolucionado todo el tiempo y sería agotador. De acuerdo al Dr. Jeffrey Schwartz, en una investigación llevada a cabo en UCLA, las tomografías por emisión de positrones (PET) aplicadas a personas con TOC, muestran niveles altos de consumo en glucosa en ganglios basales, núcleos caudados y áreas orbito-frontales comparados con personas sin TOC. El consumo de glucosa refleja la alta tasa de actividad metabólica involucrada en el manejo de la información. Y mucho más interesante, encontraron que con el tratamiento adecuado se puede disminuir dicho consumo de glucosa en pacientes con TOC.

¿Por qué “falla” el funcionamiento cerebral en las personas con TOC? La teoría mejor aceptada hasta el momento es debido a la incorrecta distribución en la actividad de los neurotransmisores, en especial la Serotonina.