Ir en contra de la salud mental

¿Cuántas veces has escuchado: evita la ansiedad, no te estreses, no tengas malos pensamientos, ten cuidado con las cosas que desencadenan tus emociones, no seas tan negativo, piensa cosas positivas, deshazte de la incertidumbre, sé fuerte, no seas tan emocional, no llores, no te enojes, hay que cara tienes, no te sientas mal? Te aseguro que muchas. Por lo tanto, esto hace que creamos que todo lo mencionado arriba está mal, hay que evitarlo a toda costa. Sin embargo, al evitarlo, lo único que sucede es que no desarrollamos habilidades para enfrentar estos desafíos y con el tiempo, esto se vuelve más complicado.

La salud mental no cae del cielo. Los trastornos mentales son como las enfermedades cardiacas: se desarrollan a través de una mezcla compleja de factores genéticos, ambientales y educativos, combinados con cada decisión que tomas en casa, trabajo, escuela, relaciones personales en todo momento. Alejarte de los sentimientos, evitarlos, disfrazarlos o controlarlos son como las donas, las carnitas, y la grasa de la grasa. Son ricas claro, se antojan, pero si es tu modus operandi cotidiano hay un problema.

Al llegar a terapia en ocasiones nos encontramos con metas y objetivos más adecuados para gente muerta que para los vivos: quiero dejar de sentir ansiedad, dejar de tener estos pensamientos, dejar de sentirme incómodo, dejar de sentir tristeza, culpa, vergüenza. La pregunta sería ¿cómo puedo sentir y pensar cosas que no me gustan y enfrentarlas? ¿Cómo puedo fortalecer mis herramientas para tolerar dichas emociones? ¿Cómo puedo pulir mis habilidades para solucionar las cosas de forma distinta?

Si quieres mejorar tu salud mental, no lo lograrás con solo evitar la incertidumbre, ansiedad y todos los otros sentimientos que no te gustan. Si esto es lo que estás buscando, esta terapia no es para ti.