La crianza no causa TOC

Es un hecho que los papás sufrimos cuando nuestros hijos sufren. Sin importar qué tan chico o grande, pero damos mil vueltas en saber qué hacer o qué debimos de hacer para ahorrarle el dolor.

Algunas de las preguntas que nos hacemos cuando tenemos un diagnóstico son: “¿porqué no me di cuenta antes?, ¿tal vez estoy siendo muy exigente con él?, ¿todas las peleas que hemos tenido enfrente de él, tal vez le afectaron el hecho de que entra a la escuela tan pronto?, ¿habrá sido el guamazo que se metió al bajar las escaleras cuando era pequeño?, ¿lo he sobreprotegido mucho?, ¿tal vez no le he dedicado el tiempo necesario?

Si estas preguntas te han invadido, eres como todos los papás con hijos con y sin TOC. Quédate tranquilo, no hay evidencia alguna de que lo que hiciste o dejaste de hacer haya contribuido al desarrollo del TOC. La mala crianza no causa TOC y la buena crianza no lo impide. ¿Por qué los padres en ocasiones se culpan?

Por la mayor parte del siglo pasado, la influencia preponderante del entendimiento del TOC recaía en Sigmund Freud, el padre del psicoanálisis. Freud decía que los síntomas TOC eran producto de agresiones instintivas o conflictos sexuales no resueltos originados en la infancia, cortesía de padres duros y punitivos. Esta teoría hacía sentido, sobre todo para quienes centraban su TOC en obsesiones violentas y sexuales, a su vez, esta teoría se volvió bastante aceptable. Gran parte del siglo pasado, el diagnóstico y tratamiento para el TOC se enfocaba en interpretar el significado simbólico de las obsesiones, las cuales cubrían conflictos psicológicos no resueltos. A pesar de que esta práctica era intelectualmente estimulante, carece de sustento científico. No hay evidencia que pruebe que el TOC es causado por conflictos inconscientes sexuales, agresivos o de crianza punitiva. Irónicamente, muchas décadas de tratamientos psicoanalíticos fueron deficientes en tratar al TOC. En vez de darse cuenta de que no era el enfoque adecuado para tratar al TOC, se empezó a decir que era un trastorno intratable.

La teoría psicoanalítica perjudicó a las personas con TOC y a sus familiares. No solamente manejó autoconceptos negativos, sino también fue una pérdida de tiempo ya que apuntaba a la dirección incorrecta. Muchas personas con TOC han tenido una infancia feliz, sin problemas significativos y tienen una relación positiva y cercana con sus padres, por lo contrario, muchas personas no tuvieron una infancia feliz, sino dura y sentían rechazo por parte de sus padres y no desarrollaron TOC.

A pesar de que la crianza no causa TOC, por supuesto que puede afectar la habilidad del niño a enfrentar y recuperarse del TOC. La forma en la que los familiares responden a los síntomas del TOC impacta para bien o para mal. Por ello, cuando uno apoya, entiende, confía y mantiene la calma, el niño puede ser más abierto en compartir sus miedos y pedir ayuda. Por otro lado, cuando uno, tal vez no de manera intencional, se enoja por los rituales sin sentido que hace, lo culpa, lo critica o lo humilla y esto solo incrementa los síntomas. Como bien saben, el estrés es un detonante de síntomas, por lo que si su casa es un ambiente en donde se enojan, gritan y hay tensión y caos, es posible que el niño no tenga la energía suficiente para atacar al TOC.

Es de esperarse, y con toda razón, que el TOC en ocasiones saca lo peor de las personas que lo padecen y también de la familia. En ocasiones hasta las personas con mayor paciencia y tranquilidad, el TOC las puede desquiciar. Inclusive las familias armoniosas y tranquilas, de repente se transportan a una zona de guerra. No hay familia perfecta y ningún papá y mamá se libran de verse envueltos en estas conductas en algún momento de su vida.

Tal vez leer esto los tranquilice, el tomar conciencia es un buen paso siempre y cuando lleve al cambio y no a la culpa o auto-flagelación, ya que ambas paralizan y no dejan continuar el camino o se toma un camino equivocado.