¡Quédate con la duda!

¿Por qué tenemos que responder a todas las preguntas que nuestra mente hace? El día en el que nos damos cuenta que no tenemos por qué responderlas será una revelación maravillosa.

Para empezar, no todas las preguntas tienen respuestas y aunque las tengamos, no sabemos si en realidad esa es la respuesta. Y se pone más interesante, porque al rato va volver a preguntar lo mismo. Es como un niño de tres, cinco años que pregunta todo, quiere saber todo, y hay veces que la mejor respuesta es decir “no lo sé”.

En el TOC, esta parte es crucial: aprender que no tenemos la certeza sobre las incertidumbres que hay en nuestras cabezas y parte de la tarea es aprender a tolerarlas.

Si mi cerebro se pregunta si dejé la llave de la regadera abierta no tengo porque ir a revisarla, a lo mejor la dejé abierta, si mi cerebro pregunta si soy mala persona, no tengo porqué analizar esa pregunta, tal vez soy mala persona y qué, no tengo la respuesta.

Esta incertidumbre puede estar ahí, le doy la bienvenida, le doy un cafecito, la siento en la sala, dejando que permanezca. Puedo no tener certeza y llevarla conmigo, sin resolver, mientras hago lo que realmente valoro y quiero en mi vida, como estar a tiempo recogiendo a mi hijo.